La luz entra suave.
El tiempo parece ir más despacio.
Hay un instante que no hace ruido, pero lo cambia todo.
Te miras.
No para comprobar nada, sino para reconocer quién eres en este momento.
No es solo una graduación.
Es un punto de partida.
La emoción contenida.
La ilusión tranquila.
La sensación de estar exactamente donde tienes que estar.

